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En los años cincuenta la Universitat de València
sólo contaba con cuatro facultades: de Filosofía y
Letras, de Derecho, de Medicina y de Ciencias. La Ley de Ordenación
Universitaria de 1943 conservaba esencialmente el modelo liberal
anterior, es decir, las grandes líneas de la Ley Moyano,
que creó las facultades de ciencias y la legislación
posterior. Al tiempo, se extremaba el control político e
ideológico sobre las universidades, profesores, alumnos,
programas y contenidos de la enseñanza, para lo que se creó
un aparato religioso, político y burocrático. Las
actividades científicas, en lo concerniente a investigación,
dependían del Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
creado para tratar de reconstruir las elites investigadores españolas,
desaparecidas en gran parte durante la guerra o en el exilio, y
para controlar y dominar su orientación intelectual e ideológica.
Por aquellos años, el rector de la Universidad
de Valencia era F. Rodríguez Fornos, natural de Salamanca,
catedrático de clínica médica desde 1911 y
celebridad profesional, dedicado sobre todo a atender la clientela
de su prestigiosa clínica privada. Cuando murió en
1951, le sustituyó J. Corts Grau, catedrático de derecho
natural y filosofía del derecho. Como antes de la guerra,
en la facultad de ciencias predominaban los estudios de química.
Había cátedras de Ciencias Naturales (F. Beltrán
Bigorra), Química Analítica (F. de A. Bosch Ariño),
Física Experimental (J. Català de Alemany), Química
Física (J. I. Fernández Alonso), Química Orgánica
(J. M. Vigueras Lobo), Química Inorgánica (J. M. Gamboa
Loyarte y desde 1952, J. Beltrán Martínez) y Química
Técnica (E. Costa Novella). Además había dos
profesores auxiliares numerarios de matemáticas: V. Martí
Ortells (encargado del Observatorio y jubilado en 1951) y E. C.
López Bellido (Química Experimental) y quince profesores
adjuntos de distintas materias de matemáticas (3), física
(3), química (7), geología (1) y biología (1).
También se impartían clases de religión, educación
física, educación política, lengua alemana,
lengua inglesa y dibujo. Los catedráticos eran, a su vez,
jefes de las delegaciones locales de los institutos y secciones
del CSIC. Así, Beltrán Bigorra, del Instituto José
Celessin Mutis de Farmacognosia; Beltrán Martínez,
del Alonso Barba de Química (Sección de Química
Inorgánica); Costa Novella, del mismo instituto (Sección
de Química Técnica); Català de Alemany, del
Instituto Daza Valdés y EPALE (en 1951, Junta de Energía
Nuclear).
Català había estudiado la carrera de
física en Barcelona. Durante la Guerra Civil fue soldado
de aviación y se ocupó de cuestiones de meteorología.
Una vez acabada la guerra, en 1942, ganó las oposiciones
de meteorólogo y llegó a ser director del Centro Meteorológico
de Levante. En 1944 ganó la cátedra de física
teórica y experimental de la Facultad de Ciencias de Valencia.
A finales de los años cuarenta, Català obtuvo una
beca para ir a la Universidad de Bristol, que desde hacía
una década se había convertido en uno de los principales
centros investigadores en física. En 1930 el Departament
for Scientific and Industrial Research (DSIR) había aprobado
un programa de física teórica del estado sólido
en esta universidad, una iniciativa que recibió el apoyo
principalmente de la industria y del Gobierno. En 1932 Nevill Mott,
hasta ese momento un físico nuclear, fue nombrado profesor
en Bristol, una posición que ocupó hasta 1954. Mott
transformó el departamento de física en uno de los
principales centros del mundo de investigación sobre el estado
sólido. En Bristol trabajó en el laboratorio de Mott,
entre 1947 y 1950, el físico español Nicolás
Cabrera, hijo del destacado físico Blas Cabrera, y exiliado
como su padre en París al acabar la Guerra Civil. Recordaremos
aquí que el trabajo realizado por Cabrera, fruto de su estancia
en Bristol, sobre la estructura atómica de las superficies
cristalinas y del proceso de crecimiento de los cristales (Burton,
Cabrera y Franck, 1951) todavía era citado en 1980 en más
de un centenar de artículos según el Science Citation
Index.
El objetivo inicial de Català en la Universidad
de Bristol era asociarse a las investigaciones sobre el estado sólido,
pero, según su testimonio personal, la física del
estado sólido no le entusiasmaba, ni tampoco la orientación,
desde su punto de vista demasiado teórica, de estas investigaciones.
Mientras acariciaba la idea de volver a España, un amigo
cuáquero, que trabajaba con C. F. Powell utilizando
la técnica, puesta a punto por éste, para fotografiar
las trazas de las partículas elementales y rayos cósmicos
en placas proporcionó un microscopio. Català se entusiasmó
con este trabajo y consiguió ser aceptado en el grupo de
Powell.
Las placas fotográficas ya habían sido
utilizadas desde los primeros tiempos del estudio de la radiactividad
y fueron expuestas a los rayos cósmicos por Blau y Wambacher
en 1937. Estos autores descubrieron que las trazas de las partículas
producían muy rápidamente nuevas trazas secundarias
que salían de un punto; estos hechos, denominados cometas,
se interpretaron como la ruptura de un núcleo atómico
en la emulsión. Dos años más tarde, Powell
comenzó a aplicar la técnica fotográfica cuantitativamente
a la física nuclear de bajas energías en Bristol.
Powell había construido (con G. E. F. Fertel) un acelerador
Cockroft-Walton de 750 KeV de energía para estudiar la interacción
de neutrones producidos al bombardear elementos ligeros con deuterones.
Según contaba Powell en su autobiografía: La
intención original era estudiar la dispersión de neutrones
rápidos por protones en una cámara de Wilson llena
de hidrógeno, al ser los neutrones generados en la desintegración
de los núcleos ligeros como el litio, el berilio y el boro
por los deuterones rápidos procedentes de generador. Pero
en esta época, W. Heitler, que había estado en Bristol
algún tiempo, señaló que Blau y Wambacher habían
utilizado con éxito emulsiones half-tone
(de tono medio) para detectar partículas en la radiación
cósmica. Como el método tenía la ventaja de
ser muy sencillo, Heitler pensaba que podíamos comenzar por
llevar placas parecidas a lo alto de una montaña y tratar
de reproducir los resultados de Viena.
Al grupo de Powell se unió G. P. S. Occhialini,
traído de Brasil a Inglaterra por los buenos oficios de P.
M. S. Blackett, premio Nobel de física por el perfeccionamiento
de la cámara de Wilson y por sus descubrimientos relacionados
con la física nuclear y las radiaciones cósmicas,
autor además del libro Miedo, guerra y la bomba atómica
(1948) que produjo una gran impresión. Así mismo,
en 1946, Powell y Occhiallini invitaron a unirse al grupo C. M.
G. Lattes, a quien Occhialini había conocido en Sao Paulo.
Occhiallini y Powell perfeccionaron la técnica de las emulsiones
y en 1947 el grupo de Powell anunció el descubrimiento del
pión. Sin embargo, conviene recordar que este descubrimiento
no fue un acontecimiento aislado, sino un proceso de articulación
cada vez más refinado de un conjunto de fenómenos
en que intervinieron, como es habitual en la investigación
científica en el campo de la física, diferentes niveles
de aparatos, la teoría, los datos y la interpretación.
Una vez terminada su estancia en Bristol, Català
volvió a Valencia con un buen conjunto de placas y comenzó
a formar su equipo de trabajo, cuyos primeros miembros fueron F.
Senent Pérez, F. Busquets Badenes, J. Aguilar Péris
y J. Casanova Colas en calidad de becarios del Instituto
Daza Valdés del CSIC y de la Junta de Energía Nuclear.
Senent y Aguilar eran, además, adjuntos de la cátedra
de Català. Català invito a W. M. Gibson, del equipo
de Powell, a impartir una conferencia, y junto con Gibson publicó
en 1950 su primer trabajo con la técnica de las emulsiones:
El espectro energético de los protones producidos en
la reacción C12
(d, p) C13, en relación
con los posibles estados excitados del C13,
en los Anales de la Real Sociedad Española de Física
y Química, revista que se había convertido, después
de la Guerra Civil, en el órgano científico del CSIC.
Cabe destacar que la línea de investigación
inaugurada por Català en Valencia era totalmente original
en España, ya que antes de la Guerra Civil nadie se había
ocupado de la física experimental de partículas, si
exceptuamos los trabajos de A. Duperier sobre rayos cósmicos,
realizados principalmente en el exilio. Por otro lado, si bien el
grupo de Català figuraba también como asociado al
Instituto Daza Valdés y recibía ayudas de la Junta
de Energía Nuclear, sus investigaciones comenzaron de forma
independiente en esta última. Los orígenes de la Junta
de Energía Nuclear se encuentran en los intereses que algunos
investigadores italianos habían manifestado por la existencia
en España de yacimientos de uranio. Los italianos, a través
de F. Scandone, de la Universidad de Florencia, que impartió
en 1948 un cursillo en el Instituto Daza Valdés, entraron
en contacto con A. Duran, miembro de este Instituto, y a través
de éste, con el general Vigón, y de esta manera se
inició la colaboración entre científicos de
los dos países. Para dar cobertura legal y financiera a las
actividades nucleares en España se creó una sociedad
privada llamada EPALE (Estudios y Patentes de Aleaciones Especiales),
amparada, desde el punto de vista oficial, por un decreto de carácter
reservado en el que era llamada Junta de Investigaciones Atómicas.
Se nombró un consejo de administración de EPALE del
cual era director J. M. Otero Navascués. En 1951 se fundó
la Junta de Energía Nuclear sobre la estructura de EPALE
y su primer presidente fue el general Vigón. El grupo de
Madrid de EPALE y la Junta de Energía Nuclear centraron sus
investigaciones en los primeros años en las actividades neutrónicas,
reactores artificiales y contadores, y comenzaron a publicar trabajos
en 1954; su primera producción hasta 1965 fue inferior cuantitativamente
al grupo de Valencia.
En 1951, Fernando Alonso, catedrático de química
física de la Universidad de Valencia, en ausencia obligada
de Joaquín Català, leyó la oración de
obertura del curso académico que este último había
redactado sobre La técnica fotográfica en física
nuclear y radiación cósmica, y dio a conocer
a la comunidad universitaria esta línea de investigación
y los primeros resultados obtenidos por el grupo de Valencia. Català
aprovechó la ocasión también para insistir
en el ínfimo papel de la física en las
universidades españolas, en las que solamente había
tres secciones de física. Explicó que la física
nuclear no era sinónimo de energía nuclear ni
menos todavía de bomba atómica, aunque expresó
su confianza de que las cada vez más potentes bombas
atómicas no serán utilizadas. Al contrario,
según Català, la energía atómica abría
grandes perspectivas para el progreso, tanto como fuente energética,
como para la obtención de inestimables isótopos radioactivos,
de tan vasta aplicación médica, biológica,
química, física e industrial. Un hecho que habría
estado finalmente reconocido por nuestros organismos responsables
y que ya no es ningún secreto... [la existencia] del grupo
denominado EPALE. Nosotros, en conexión con ellos
continuaba Català y con el apoyo de aquel organismo,
pero con los medios más sencillos, hemos iniciado en nuestra
facultad modestas investigaciones nucleares.
Entre 1950 y 1965 el grupo de Català llegó
a publicar 81 artículos en los Anales de la Sociedad Española
de Física y Química, y fue así el grupo
más prolífico en cuanto al número de trabajos
publicados en esta revista de toda España. También
publicaron trabajos, durante este mismo periodo en Il Nuovo Cimento,
Nature, Royal Society, Nuclear Physics, Physics Letters, y en
otras revistas españolas. Todo esto sin apenas más
armas, en sus primeros años, que un buen microscopio
y entusiasmo y constancia, como el mismo Català expresó
en su oración de 1951. Lo que en el año 1950 era una
sección local de un instituto del CSIC ha evolucionado hasta
el actual IFIC (Instituto de Física Corpuscular). Valgan
estas líneas como recuerdo y homenaje a todos los que, con
medios modestos y su esfuerzo y entusiasmo, han convertido la Universitat
de València en un lugar de obligada referencia de las investigaciones
en el campo de la física de partículas y en otros
ámbitos del estudio científico.
Víctor Navarro Brotons
Departamento de Historia de la Ciencia, Universitat
de València
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